martes, 15 de octubre de 2013



Día mundial de la alimentación
16 de octubre de 2013

En la actualidad, la malnutrición impone altos costos a la sociedad que se manifiestan de muchas formas diferentes:

Unos 1400 millones de personas tienen sobrepeso. De estas, alrededor de un tercio son obesas y corren el riesgo de sufrir cardiopatías coronarias, diabetes u otros problemas de salud. Una población sana depende de sistemas alimentarios saludables
Uno de cada cuatro niños menores de cinco años en el mundo padece retraso del crecimiento.
Esto significa que 165 millones de niños están tan malnutridos que nunca alcanzarán todo su potencial físico y cognitivo.
Aproximadamente 2 000 millones de personas en el mundo carecen de las vitaminas y minerales esenciales para gozar de buena salud.
Además, distintos tipos de malnutrición pueden coexistir en un mismo país, en un mismo hogar o incluso en un mismo individuo.
Las mujeres malnutridas tienen más probabilidades de dar a luz a niños más pequeños, que inician su vida con un riesgo mayor de padecer deficiencias físicas y cognitivas. De hecho, la malnutrición de las madres es una de las principales vías de transmisión de la pobreza de generación en generación.
Al mismo tiempo, los progenitores obesos pueden sufrir carencias vitamínicas y sus hijos pueden padecer retraso del crecimiento debido al bajo peso al nacer o a unas prácticas asistenciales y alimentarias deficientes. Los niños con retraso del crecimiento pueden tener incluso mayor riesgo de desarrollar obesidad y enfermedades conexas en la edad adulta. La mayor parte de los países del mundo se enfrenta a numerosos tipos de malnutrición.
El costo para la economía mundial derivado de la malnutrición, como resultado de la pérdida de productividad y los gastos directos relacionados con la atención sanitaria, podría representar hasta un 5 por ciento de los ingresos mundiales.
Esto equivale a 3,5 billones de dólares de EE.UU. al año, o sea, 500 dólares por persona.
Erradicar la malnutrición en el mundo es un desafío abrumador, pero la inversión produciría cuantiosos beneficios. Si la comunidad internacional invirtiera 1 200 millones de dólares al año durante cinco años en la reducción de las carencias de micronutrientes, por ejemplo, se mejoraría la salud, se reducirían las muertes infantiles y se aumentarían los ingresos futuros. Además, se generarían unos beneficios anuales de 15 300 millones de dólares, es decir, una relación costo-beneficio de casi 1 a 13.

La importancia de los “sistemas alimentarios”
Un sistema alimentario está formado por el entorno, las personas, las instituciones y los procesos mediante los cuales se producen, elaboran y llevan hasta el consumidor los productos agrícolas. Todos los aspectos del sistema alimentario influyen en la disponibilidad y accesibilidad final de alimentos variados y nutritivos y, por lo tanto, en la capacidad de los consumidores de elegir dietas saludables.
Naturalmente también existen otros factores como, por ejemplo, los ingresos de los hogares, los precios y los conocimientos de los consumidores.
Además, las políticas y las intervenciones relacionadas con los sistemas alimentarios rara vez se diseñan con la nutrición como objetivo principal. Incluso cuando es así, es difícil atribuir los efectos y, en ocasiones, los investigadores concluyen que las intervenciones relativas a los sistemas alimentarios no son efectivas para reducir la malnutrición. Por el contrario, la efectividad de medidas de carácter médico, como la administración de suplementos vitamínicos para hacer frente a las carencias de nutrientes específicos, es más fácil de observar.
Sin embargo, las intervenciones médicas no pueden sustituir a largo plazo los amplios beneficios nutricionales que ofrecen las dietas saludables y equilibradas posibilitadas por un sistema alimentario que funciona correctamente.

Una dieta sana se basa tanto en la calidad como en la cantidad.

En todo el mundo, la primera recomendación de los nutricionistas es “comer alimentos variados”. Esta sencilla consigna constituye uno de los principios clave para velar por la calidad de la dieta.
La cantidad de comida -y su contenido energético- también es importante. La energía proporcionada por la dieta debe ser suficiente, pero no excesiva, y se debe equilibrar según el nivel de actividad. Una dieta variada, compuesta por cantidades y combinaciones equilibradas de frutas y hortalizas frescas, cereales, grasas y aceites, legumbres y alimentos de origen animal, proporcionará probablemente la gama completa de nutrientes que necesita la mayoría de las personas para llevar una vida sana y activa.